Como es sabido, el Gobierno Nacional promulgó en enero de este año la Ley 26.473 que prohibe la importación y comercialización de lámparas incandescentes para uso residencial a partir de 2011. Con la reglamentación de esta Ley, se extinguen las bombitas de luz tal y como las conocemos y el mercado va a quedar abarcado por las lámparas de bajo consumo. Acá va un acercamiento al tema para que entendamos bien qué son y cómo funcionan:
Para los que no la conocen, una presentación: la lámpara compacta fluorescente o CFL (sigla del inglés compact fluorescent lamp) es un tipo de lámpara fluorescente que se conoce como lámpara de bajo consumo y ya se consigue en todos los supermercados. Son igual o más luminosas que las incandescentes y se puede optar entre las frías (tono azulado) o las cálidas (de color amarillo) más parecidas a las comunes.
“Todo muy lindo, pero son muy caras”. Definitivamente esta es la primer crítica que escuchamos y es verdad ya que cuestan entre 15 y 20 pesos. Sin embargo, si hacemos la cuenta, a la larga terminan siendo mucho más baratas por la poca electricidad que consumen. Se puede ahorrar hasta un 70 por ciento de energía en iluminación? y como son lámparas que no generan calor, producen una economía indirecta en refrigeración. Pero además, son más eficaces lumínicamente: una lámpara de sólo 11 watts ilumina lo mismo que una incandescente de 60 watts, y una CFL de 22 watts equivale a una incandescente de 100 watts.
Otra razón que defiende la postura de que son más baratas, es que duran más: duran entre 5 mil y 12 mil horas (las bombitas comunes duran 1000, si no se queman antes). Hay que aclarar que se recomienda comprar las de marca. Todas vienen de China, pero sólo las de marcas reconocidas vienen con garantía.
Hasta ahora son todos pros, así que veamos los contras: El problema que presentan las lamparas fluorescentes compactas es que tienen una micro gota de mercurio. Es una fracción muy pequeña (menos que las pilas y muchísimo menos que un termómetro) y el inconveniente se presenta sólo en su etapa de residuo.
En Argentina hay pocas empresas que traten los residuos de lámparas fluorescentes ya que requieren un tratamiento similar al de las pilas.? En España hay un programa muy interesante que podría marcarnos los pasos a seguir para disminuir la contaminación. Pueden verlo aquí.
Aunque los usuarios domésticos únicamente suponen el 20% del total de residuos de lámparas que se genera en nuestro país, todo ayuda, y el papel de los pequeños comercios que venden lámparas, como ferreterías o supermercados, es clave